viernes, 20 de enero de 2017

Influir en las elecciones

Hoy es el día de la toma de posesión de Trump y seguro que habrá más de una intervención sobre la manipulación de elecciones desde el exterior del país. Ya se sabe, todo eso de los piratas (hackers), el malvado Putin (pero no tan malo si va a nuestro favor), el recuento chapucero, los ordenadores manipulables.
Por eso es un buen día para leer este reportaje sobre cómo Inglaterra intentó influir en las elecciones estadounidenses de 1940 para conseguir un apoyo en el conflicto con Hitler. La lista de trucos suena tan, tan actual que solo falta internet como para sentirse puesto al día.
Ahí a la derecha están las diapositivas que he utilizado en dos charlas amigables esta semana (una de ellas, hoy mismo). Ya casi es un rito que me reúna anualmente por separado con un grupo de antiguos alumnos por un lado y un grupo de antiguos compañeros de trabajo (aunque fuera un trabajo que duró poco) y tengamos una tertulia más o menos informada sobre asuntos de actualidad. Este año han coincidido en las fechas y eso ha hecho que coincida también, por primera vez, el tema.

jueves, 19 de enero de 2017

Deuda externa, sin novedad en el frente

Un excelente artículo del economista (y a pesar de ello buen amigo) Alberto Acosta sobre el asunto. Copio y pego dos párrafos:
En definitiva, la deuda no puede seguir siendo un acto de violencia -que afecta a las sociedades y a la Naturaleza- cuyo objetivo es forzar al país deudor a hacer la voluntad de los acreedores vía renegociaciones y programas de ajuste estructural. Y tampoco puede ser un espacio para obtener ganancias exorbitantes, aprovechándose de las crisis y de la situación de indefensión de los países deudores que terminan muchas veces en manos de verdaderos “buitres” de las finanzas internacionales.
Violencia, sí. Estructural en este caso, pero sin excluir la amenaza de la violencia directa futura si no obedeces al que más manda y se está enriqueciendo a tu costa.
Y este dedicado a los españolitos que vienen al mundo (les guarde Dios: una de las dos Españas ha de helarles el corazón):
La historia nos enseña que, por la falta de respuestas estructurales, los países endeudados -con graves consecuencias sobre sus sociedades e inclusive sobre su medio ambiente- a menudo enfrentan muchos años de austeridad y miseria por las condiciones recesivas impuestas por los acreedores y los organismos de rescate, y sin ninguna garantía de que el sobreendeudamiento siquiera sea resuelto. Situación que termina por afectar a los propios acreedores.
Recuérdese el nivel de endeudamiento de las Españas (incluyendo a Cataluña) y véanse los ejemplos que Acosta toma de la historia.

miércoles, 18 de enero de 2017

El poder corrompe

Una posible lista incluye las siguientes noticias: Sacerdotes pederastas, pandillas de eclesiásticos abusadores de monaguillos, obispos adúlteros, entrenadores deportivos violadores (el caso inglés, entre los más espectaculares), bancarios estafadores o abusando de su información privilegiada (“delito del iniciado”) o de la falta de información del cliente ingenuamente confiado, abogados arbitrarios, defensores de “manos limpias” con manos algo menos limpias, catedráticos plagiarios, educadores deseducando de puro maleducados, políticos ladrones (parece que sigue habiendo corrupción, según dicen; y abusos con mucho desparpajo), policías nacionales proxenetas, guardia civiles narcotraficantes, agentes aduaneros dedicados al contrabando, solidarios de ONG robando donativos o inventando “causas justas” y, seguro, me dejo fuera más de una categoría. Sin ir más lejos: empresas farmacéuticas que inventan o promueven enfermedades a las que vender supuestos remedios.
Es, como puede observarse, una lista muy heterogénea en origen, actividades y beneficiarios. Unos tienen elementos sexuales, otros dinerarios, otros de (supuesto) prestigio (el sexo y el dinero suelen ser algo más empíricos). Pero, creo, todos tienen una cosa en común: hace falta algo de poder para poder abusar de él diciendo “tengo algo que tú quieres; si lo quieres, paga y yo impongo el precio”. De acuerdo: el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Pero no siempre. Así que la cuestión no está en el poder mismo (gente con mucho más poder juega mucho más limpio que estos de estas semanas) sino en el uso que se haga del mismo y de la reacción que genere su abuso.
Las reacciones pueden ser muy variadas también. Tenemos, por seguir en esa zona, la “tolerancia cero” hacia curas pederastas proclamada por el actual Papa y el consiguiente tribunal para juzgar los obispos encubridores, cosa en la que alguno de sus antecesores no han sido muy diligentes. O han mirado hacia otro lado cuando se ha tratado de obispos adúlteros y, sencillamente, les han trasladado de destino. O han guardado clamoroso silencio protector en casos tan poco edificantes como los sucedidos en México o en el Perú. Pongo estos ejemplos porque lo son de los dos extremos posibles ante el abuso de poder: rechazo/castigo (si se tercia) por un lado y “comprensión” hacia las debilidades humanas por otro.
De la lista inicial puede decirse que hay casos que sí y casos que no. Que es injusto (o, por lo menos, falso) atribuir a una parte del colectivo las malas prácticas abusivas de la otra parte. Pero también lo contrario: que ponerlos sobre el tapete, reconocerlos, describirlos y, eventualmente, rechazarlos no significa que se esté atacando al grupo en el que se ha producido tal comportamiento rechazable. Encontrar ministros prepotentes e irresponsables no es un argumento contra la existencia de todos los ministros, aunque sean o hayan sido representantes legítimos de una determinada circunscripción electoral. Lo que es grave es dar por hecho que el poder sobre feligreses, monaguillos, clientes ignorantes, ciudadanos de a pie justifica que se utilice tal poder para beneficios personales (o colectivos, que bandas organizadas claro que las hay) sean de la zona corporal que sea, de la cabeza a los pies pasando por todos los órganos intermedios existentes o imaginarios.
Cambiando de tercio, claro que hay abuso de poder en las universidades. Y el plagio va desde el doctorando que paga para que alguien le escriba la tesis hasta al “capo di tutti i capi” que usa como carne de cañón a los/las que saben que su futuro depende del uso que el “jefe” haga del poder del que dispone. Y como en bastantes de los casos antes enumerados, no deja de ser curioso que se dé como “normal” que se presente una tesis doctoral (cuando los tribunales eran de cinco miembros) en la que todos (insisto: todos) los miembros del dicho tribunal encuentran “copia y pega” de las propias obras, que se le eche en cara al candidato y que este quede asombrado de que se le critique por algo tan “normal”, es decir, habitual, corriente, aceptado y hasta aceptable.
De política y policías mejor ni hablamos: el poder, si no tiene algún tipo de control, tiende a expandirse. A la entrada de una de las cafeterías de la universidad de Valencia, y, encima, de ciencias, alguien ha escrito a mano:”Quis custodiet ipsos custodes”, quién vigilará a los vigilantes.
A todo esto, el cuarto poder ¿corrompe? Pues no es mala idea planteárselo y más admitiendo casos cercanos en el espacio y el tiempo que hacen pensar que sí, que corrompe. Pero, como los otros, no siempre. Menos mal. Uffff.

miércoles, 11 de enero de 2017

Nubarrones políticos

Esta es una lista, incompleta probablemente, de los males que aquejan al sistema político.
1. Campañas electorales mentirosas. Es el aperitivo. Lo que se diga en la campaña no tiene por qué parecerse a lo que después se va a hacer. Puede suceder, incluso, que, una vez terminada la campaña, se diga exactamente lo contrario de lo que se dijo en ella. Y no te digo si lo que se compara es lo que se prometió y las decisiones que se toman después: si hay algún parecido es pura casualidad.
2. Encuestas con voto oculto y su uso mediático. Si pretende orientarse por lo que anuncian las encuestas, lo tiene claro: fracaso tras fracaso. Y por dos razones principales. La primera, por la abundancia de voto oculto: el encuestado no está dispuesto a reconocer ante un desconocido encuestador qué es lo que va a votar realmente y, o dice que “no sabe”, o responde lo “políticamente correcto” en ese momento. La otra razón es que impecables encuestas desde el punto de vista profesional son utilizadas por los medios que las publican intentando arrimar el ascua a una sardina u otra sea ocultando algunos datos de las mismas o poniendo en titular lo contrario de lo que se dice en el cuerpo de la noticia.
3. Voto en negativo (votar en contra, no a favor). Es suficientemente frecuente como para que las encuestas funcionen mal, en particular en lo que los profesionales llaman “la cocina”. Pero es también un indicador de que algo no funciona bien en el sistema: demasiada gente que no es partidaria de nadie sino contraria de algunos o, incluso, contraria a todos los contendientes.
4. Papel de los medios y las redes. En este contexto de inseguridad por el “qué hacer”, el ciudadano busca (o se encuentra de sopetón) algo que le oriente. No tanto las palabras (que se lleva el viento) sino la presencia y la imagen en la televisión, gran fuente “orientadora”. La novedad son las redes sociales y sus “noticias mendaces” cada vez más frecuentes que indican a quién no votar.
5. Sistema electoral problemático. Es una fuente de frustración para el elector que ve cómo el porcentaje de votos (a escala nacional) no se corresponde con los resultados políticos observables. Claro que no existe el sistema electoral perfecto (que dé una fotografía  de la ciudadanía real o asegure la estabilidad gubernamental), pero hay casos demasiado extremos como para estar contentos con tal sistema.
6. Férrea ley de la oligarquía (y debilidad del asambleísmo). Se trata del papel que, en ese contexto, tienen los aparatos de los partidos. Sus élites dedican mucho más esfuerzo a mantenerse y mantener la organización (no siempre lo logran) que a responder a las supuestas demandas del electorado que, como en el fondo se desconocen, acaban siendo irrelevantes. El asambleísmo, como alternativa, funciona para pequeñas unidades (una comunidad de propietarios es el mejor caso que conozco y aún ahí tiene sus bemoles), pero no es aplicable a entidades con mucha población donde, tarde o temprano, aparecen los delegados que delegan en delegados hasta llegar a la oligarquía que se conoce desde el siglo XIX. El que no se conozcan las demandas de electorado incluye lo difícil que es saberlo por encuestas y lo curioso que resulta pretender conocerlas a través de libros (Marx, Smith, Hayek, Keynes, Laclau o similares).
7. Sociedad dividiéndose o ya irremediablemente dividida (táchese lo que no proceda). No hace falta recurrir a esa “lucha de clases” que reconocía Warren Buffet, poco sospechoso de marxista. Basta ver las distancias reales que separan en poder, privilegio, prestigio y bienestar a personas clasificadas por su sexo, profesión, nivel de renta, residencia, nivel de educación, edad, “raza” (si se puede aplicar) y demás desigualdades observables en cada sociedad.
8. Populismo y ¿algo más? He puesto “populismo” sin comillas porque así está siendo utilizado cada vez más para etiquetar a nuevas propuestas políticas que no acaban de encajar con las tradicionales o convencionales. Digamos, con uno de los sospechosos habituales, que "El único antídoto para las décadas de ruinoso gobierno en manos de una pequeña élite es una audaz infusión de voluntad popular. En cualquier tema que afecta a este país, el pueblo tiene razón y la élite gobernante está equivocada". El problema, es que estos males pueden agravarse y hay quien ve que lo que está en peligro es la democracia misma.
No tendría que hacer falta, pero no estoy hablando de las Españas, sino de los Estados Unidos (y esta última cita es de Trump en campaña electoral)
(Publicado hoy en el diario Información - Alicante-)

Y lo publican el 10

Los calendarios electorales estadounidenses suelen ser bastante rígidos: se vota tal día, se nombran a los Grandes Electores tal otro, estos últimos se reúnen un día fijado y votan al candidato elegido por ellos (no por el voto popular, que esa es otra), los discursos de despedida tienen fecha fija y la toma de posesión, el gran día, también.
Ayer era 10 y había que cumplir con la agenda... que fue cumplida por algunos periódicos hablando de informes (des)clasificados en los que se afirmaba que "los rusos" (es decir, Putin, que los representa a todos) tenían información comprometedora sobre el pasado del presidente electo.
No era del tipo de este recorte del 7 de enero que copio y pego
Aunque en el fondo tanto me da que se trate de asuntos que afecten a distintas partes del cuerpo del electo (de la cabeza a los pies pasando por la cartera y con descansos genitales a mitad de camino). Es la fecha  y fuente lo que me intriga.

martes, 10 de enero de 2017

Piratear está muy feo

A nadie se le ocurre defender que "los rusos" hayan pirateado (hackeado, se dice en fino) mensajes estadounidenses interviniendo en una campaña electoral como la pasada. Claro está que no es lo único que han pirateado, así que lo menos que se puede hacer con ellos es expulsar a algunos de sus piratas para que quede claro quiénes son los buenos y quiénes son los malos.
Una pequeña ayuda a la memoria: el gobierno de los Estados Unidos a través de sus diversas agencias de espionaje (NSA, CIA y todo eso) han estado pirateando al mundo entero con la inestimable ayuda de empresas igualmente estadounidenses a las que ya me he referido aquí en otras ocasiones.
¿Piratas buenos -los nuestros- y piratas malos -los otros-? Primero, que no está tan claro quiénes son "los nuestros" (que se lo digan a mis amigos mexicanos sufriendo la que están sufriendo y no toda originada dentro del país). Segundo, que no parece un buen argumento decir que el pirateo malo es el que se descubre y el bueno es el que permanece oculto. Y, tercero, que Orwell y su Gran Hermano era un inocente.

domingo, 8 de enero de 2017

Peligrosos economistas

Lo reconocen ahora sin mucho pudor y desde puestos relevantes: sus predicciones económicas fueron un desastre, en particular en lo que respecta al Brexit. Se trata de una mezcla de factores que pretendían ocultarse bajo capa de cientifismo, matemática, modelización y distanciamiento, partiendo de supuestos más parecidos a la física que a las modestas ciencias sociales convencionales. 
Partían de un modelo de comportamiento humano que no acaba de encontrarse en la realidad, a saber, la de la "elección racional", la del "homo oeconomicus" que toma sus decisiones con frialdad calculada y en búsqueda de maximizar sus intereses (como si sus intereses fuesen uno solo). Cuando el presupuesto del que parte un modelo es radicalmente falso, sus resultados pueden ser correctos o incorrectos, pero eso nadie lo sabe hasta que la "rugosa realidad" se impone e imparte su veredicto de "culpable" o "inocente".
Su economicismo era un segundo obstáculo: la realidad realmente existente no es únicamente económica sino que tiene la manía de unirse a otros elementos que tienen muy poco que ver con dicho economicismo. Y de dicha unión nacen hijos de lo más variopinto según quién domine, cómo lo haga o, incluso, si ha llegado a haber "intercourse" o "ayuntamiento carnal".
El poder es mal consejero. El creerse con el vocabulario (lo que llaman "teoría") correcto (y algo esotérico, todo hay que decirlo) que divide al mundo entre los iniciados (ellos) y el resto (los ignorantes que somos los demás) no es una buena fuente de conocimiento de cómo son las cosas. No es eso de que "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente". Es, más bien, que "el creerse con el poder intelectual engaña y el creerlo absolutamente engaña -muchas veces- de manera absoluta".
Conocimiento e intereses, si no recuerdo mal, fue un trabajo de Habermas en el que planteaba, en mi opinión, la cuestión de fondo: el conocimiento nunca es desinteresado de manera absoluta y los intereses que mueven la investigación (los modelos, las propuestas, las recetas) pueden tener más importancia y fuerza que los mismos datos a los que se pretende acceder. Weber creo que también tuvo cosas parecidas. No son, por tanto, asuntos de la prensa del día sino que ya tienen edad suficiente como para aportar algo de modestia a la arrogancia de estos peligrosos economi(ci)stas. De derechas o de izquierda (que, de nuevo, puede ser cuestión de intereses). Tanto da. Eso sí: los nuestros nunca se equivocan... hasta que la realidad los desmiente y dedicamos un cierto esfuerzo en explicar por qué la realidad fue tan ignorante como para no adecuarse a nuestros modelos.