viernes, 2 de diciembre de 2016

Lo mal que anda el mundo

No hace falta ser un reconocido "politólogo" ni recurrir a abstrusas consideraciones sacadas de no menos abstrusos libros. Stephen Hawking lo hace aquí con claridad y sencillez.
Parte de una constatación que nunca viene mal: él pertenece a una élite de la élite que tal vez haya estado al margen de lo que realmente estaba sucediendo en el mundo. Feo vicio que aqueja, en su conjunto, a la élite mundial y local: viven en su mundo, no en el mundo. Y confunden su mundo con el mundo.
Cuando intenta salir de esa burbuja (sic) se encuentra un mundo en el que la distancia entre élite y pueblo se ha, si no agrandado, por lo menos manifestado en particular gracias a las nuevas tecnologías. Hawking reconoce el papel positivo que tienen (sus motivos personales son evidentes), pero también su lado negativo, incrementando aquella distancia o, para ser precisos, la conciencia de tal distancia, cosa que determinados políticos aprovechan con propuestas de lo que llaman "populismo". Casos del Brexit y de Trump que él cita.
Antes una cita citable por mi cuenta: "El único antídoto para las décadas de ruinoso gobierno en manos de una pequeña élite es una audaz infusión de voluntad popular. En cualquier tema que afecta a este país, el pueblo tiene razón y la élite gobernante está equivocada". Que añade:"No me interesa defender un sistema que, durante décadas, ha servido a los intereses de los partidos políticos a expensas de la gente. Miembros de ese club (consultores, encuestadores, políticos, tertulianos y lobbies) se han hecho ricos mientras la gente `[...] se empobrecía y quedaba aislada". No se trata de Pablo Iglesias en las Españas, sino de Donald Trump en el Wall Street Journal, en abril de este año.
Volvamos a Hawking. El hecho es que la desigualdad ha aumentado en el mundo. No tanto por lo que pueda medir el coeficiente Gini obtenido por encuestas sobre presupuestos familiares (renta y riqueza como variantes) sino por la constatación de las penosas condiciones en las que viven millones de personas, algunas de las cuales expulsadas del mercado de trabajo por esas nuevas tecnologías. 
Mediambiente, claro. No es algo independiente de la desigualdad sino algo conectado. Uno afecta al otro y viceversa.
El resultado es un panorama sombrío ante el que Hawking intenta ser optimista. Hace falta enfrentarse al desempleo, las migraciones, la pobreza (y, yo añadiría, ante otro de sus correlatos, las violencias). Eso es tarea de las élites, de esas élites que viven en su burbuja. El artículo, que vale la pena leer, termina así:
We can do this, I am an enormous optimist for my species; but it will require the elites, from London to Harvard, from Cambridge to Hollywood, to learn the lessons of the past year. To learn above all a measure of humility.
Aprender la lección y tener algo de humildad (e implicar a élites no-anglosajonas, supongo). No pide nada. La desconfianza en las instituciones está alimentada por sus representantes.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Cómo controlar a los medios

Los medios de comunicación deben su nombre a su papel de "intermediarios" entre un polo (sea cual sea, pero en particular la política) y otro (también la política y, en particular, el público, la audiencia, los lectores, la gente o como quiera que se llame a "eso").
Robert Reich ha publicado las siete técnicas que ha utilizado Donald Trump en su intento de controlar a los los medios. Trata, obviamente, de la situación estadounidense y es de ella de la que extrae numerosos ejemplos que pueden verse en sus enlaces, pero creo que puede servir para aplicarlo a otros contextos distintos y distantes.
1. Berate the media. Aunque para esa regañina hace falta algo de poder.
2. Blacklist critical media. Listas negras, funciona.
3. Turn the public against the media. Contra los medios en general y contra algunos medios en particular
4. Condemn satirical or critical comments. La ironía no suele ser bien recibida y menos el sarcasmo, así que se las puede condenar con facilidad
5. Threaten the media directly. La amenaza también funciona, sobre todo si tiene que ver con la financiación del medio
6. Limit media access. Impedir que el medio tenga acceso a la información. Ideal.
7. Bypass the media and communicate with the public directly. Saltarse al intermediario y comunicar directamente (vía twitter, facebook y como sea)
No me parece que esta lista sea de cosas rechazables o criticables. Pero es su lista y, sin duda, es fácil pensar en otras situaciones, por lo menos en lo que se refiere a algunas de estas opciones: regañar, etiquetar, amenazar, limitar son prácticas conocidas. Que haya formas de dirigirse directamente al público no me parece tan mal.
Por mi parte, nada que se parezca a una visión angelical de los medios. Pero tampoco estoy cómodo con esa idea partidista de los mismos. Una vez más, la realidad no es blanca o negra: es gris.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

El pasado nunca muere

1. Karl Marx había sido muy claro. Escribiendo para el New York Daily Tribune  el 9 de septiembre de 1854, había dicho que “cuando la Constitución se proclamó por primera vez en Madrid y en las otras provincias evacuadas por los franceses, fue acogida con 'delirante entusiasmo', pues las masas esperaban comúnmente de un mero cambio de gobierno la súbita desaparición de sus sufrimientos sociales. Cuando descubrieron que la Constitución no poseía tan milagrosas facultades, las mismas exageradas esperanzas con que se le dio la bienvenida se convirtieron en desengaño, y entre estos apasionados pueblos meridionales, del desengaño al odio no hay más que un paso”. El racismo de algunos alemanes hacia los “meridionales” no es de ahora. Del desengaño al odio, dice.
2. Una   cita posterior, la del embajador estadounidense en Madrid que el 16 de abril de 1931, a dos días de la proclamación de la República, informaba a su gobierno que "el pueblo español, con su mentalidad del siglo XVII, cautivado por falsedades comunistoides, ve de repente una tierra prometida que no existe. Cuando les llegue la desilusión, se tumbarán ciegamente hacia lo que esté a su alcance, y si la débil contención de este gobierno deja paso, la muy extendida influencia bolchevique puede capturarlos". “Mentalidad del siglo XVII” y a lo que haga falta.
3. Había muerto Franco y a los cinco años de su muerte (22 de noviembre de 1980) el periódico Ya decía en un editorial: “De estos cinco años se han salvado dos instituciones: la Corona, que sigue siendo la gran reserva de la Nación, y las Fuerzas Armadas, en el plano de los grandes intereses nacionales que le son propios. ¿Se ha salvado algo más?”. Comentándolo en 2006 en Mélanges de la Casa Velázquez se decía: “Esta última pregunta, que lleva implícita una gravísima deslegitimación de la clase política de la democracia, indica no sólo la existencia de un profundo desencanto de derechas, sino también el abismo que se había abierto entre Suárez y algunos de los sectores, incluidos ciertos medios de comunicación, que le habían apoyado en sus buenos tiempos”. El desencanto había madurado. La Monarquía, no sé. Pero parte del ejército pasó del desencanto al golpe del 23-F.
4.  Un intelectualillo de provincias decía el 23 de febrero de 2011 en INFORMACIÓN: “Hace treinta años publiqué un artículo que titulaba ‘Del desencanto al miedo, del miedo a la reflexión’ a propósito del fallido golpe que hoy se conmemora y que dio paso a una manifestación popular a favor de la democracia. Se partía de una situación de descrédito de la transición y de una crispación generalizada entre políticos que llevó a lo que se llamó el ‘desencanto’ por parte de amplias capas de la población y que también hizo que algunos salvapatrias, militares y civiles, decidieran dar aquel paso que haría reflexionar a los que olvidaban que lo mejor es enemigo de lo bueno y que les llevó a reconocer que valía la pena conservar la democracia”.
5.  Llegamos a un artículo “progre” en El País (6 de febrero de 2015): “Es sabido que 2015 está predestinado a sufrir notorias convulsiones electorales. Pero lo que no se conoce tanto es que también será el año en que se proclame la apertura oficial de una crisis política en toda regla, desde el momento en que el partido en el poder pierda su actual mayoría absoluta. Pues entonces, como para dar la razón al simplificador relato de Podemos, el sistema o régimen de la Transición entrará en crisis, iniciando una deriva marcada por la incertidumbre que no se sabe cómo ni cuándo se resolverá, ni en qué sentido lo hará”. El Gran Desencanto con la Transición.
6. Seguimos: un artículo anti “progre” en El Mundo (31 de octubre de 2016): “Si en esta legislatura corre serio peligro el régimen constitucional -y lo corre- no es sólo porque Rajoy siga apostando, como estos últimos años, por aliarse con Podemos para romper el PSOE y hundir a Ciudadanos sino por otra razón: hay una nueva generación de periodistas que, por costumbre o conveniencia, no se toma en serio la libertad, la democracia y la Nación española. Ya sé que no todos son así, pero esa es la tendencia dominante”. Será la Gran Preocupación.
7. Finalmente un  artículo de El Mundo (27 de noviembre de 2016): “La historia no sólo no ha terminado, sino que avanza tan rápido que ya podemos entender tres etapas del siglo XXI: 11-S, optimismo Apple y, ahora, la Gran Desilusión”.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(La cita completa de William Faulkner es: “The past is never dead. It's not even past”. Ah, se me olvidaba: la Revolución de Octubre rusa se produjo en noviembre. Pero esa es otra historia.)

Los costes de la independencia

Ya conté lo obvio: que la independencia no es un paraíso, que tiene costes y que las campañas a su favor los ocultan sistemáticamente haciendo ver que, una vez independientes, todo irá mejor. Vale para California, Escocia, Cataluña y hasta para la boliviana Santa Cruz. Ahora se trata de un estudio sobre el Brexit en el que participan los diversos partidos británicos. En él se muestran los problemas económicos que produciría (producirá) un Brexit "duro", tal vez esperando que el gobierno opte por uno "blando" ya que la vuelta atrás (que también se ha intentado promover haciéndolo depender del Parlamento) no parece probable.
Había motivos para dudar de los rosados futuros que prometían los del Brexit (y que ahora prometen los independentistas varios, incluyendo a los españolistas que quieren independizarse de la Unión Europea si es que la UE resiste los resultados de las elecciones en Austria el próximo 4, día del referéndum en Italia, y las de Francia el 23 de abril en primera vuelta). Pero por lo que respecta a los del informe que cito, la cuestión es por qué no lo dijeron y anunciaron a bombo y platillo durante la campaña del referéndum. O entonces callaron (y son culpables) o ahora exageran como los partidarios de la salida exageraban los males de la permanencia (no se olvide que Farage, el que, según Trump, sería el mejor embajador del Reino Unido en los Estados Unidos, reconoció haber mentido al exagerar los males de la permanencia en la UE, por lo menos en lo que respectaba al gasto sanitario).
Sigo con mi precepto: no tener un mínimo de escepticismo es peligroso ya que lleva al fanatismo; tener demasiado escepticismo no es aconsejable ya que lleva a la inacción; pero algo, algo de escepticismo es lo que la realidad nos pide a gritos. Otra cosa es que no lo escuchemos porque estamos en la primera o en la segunda de las opciones, fanáticos o quietistas.
Pero, cuidado, el escepticismo ante las líneas oficiales o mayoritarias puede ser sospechoso ante los que detentan esa Verdad. Claro que algunas dudas son exageradas (ciertas teorías conspiratorias,  por ejemplo hacia los atentados en Atocha, Madrid, del 11M de 2004), pero otras son razonables. El problema es encontrar la línea divisoria. Razón de más para tomar las opiniones con cautela.

martes, 29 de noviembre de 2016

Vendidos al oro de Moscú

Me he visto por encima esta lista y he encontrado varias fuentes que sigo habitualmente. Nada que extrañar si no fuera porque va acompañada por una advertencia: son sitios de internet a través de los cuales Moscú está influyendo (o intentando influir) en la opinión pública estadounidense. No soy estadounidense, eso es obvio, pero tendría que hacérmelo mirar, no sea cosa que lo que recibo sea propaganda como la de los tiempos de la KGB. Me ha tranquilizado un poco algún comentario poniendo en duda la veracidad de dicha perspectiva conspiratoria
(Por si acaso: no creo en las teorías conspirativas, pero es obvio que existen conspiraciones. Si no, que se lo digan a los que han recogido dinero para que se puedan recontar los votos en Wisconsin -y en Pennsylvania y Michigan- ya que temen que haya habido "injerencia externa" -lindo eufemismo- en el recuento oficial. Clinton se adhirió y, por supuesto, Trump considera ese recuento por posible amaño de votos, "un fraude". Quién te ha visto y quién te ve). 
Cada vez parece más claro que habrá que revisar planteamientos que parecen de sentido común y que pululan por las ciencias sociales. Y por el periodismo (esto último en castellano, digno de ser leído).

lunes, 28 de noviembre de 2016

Post-democracia

Va unido a lo de la post-verdad y gente seria se lo está planteando estos días. El abc de una democracia consiste en que haya elecciones competitivas entre propuestas que el elector conoce suficientemente. Después ya vendrá lo de la separación de poderes, la transparencia, el imperio de la ley y todo eso que se explicaba en Teoría del Estado en las antiguas carreras de Econòmicas (fueron las primeras clases que dí en la de Alicante).
Lo que a algunos preocupa es que los nuevos tribunos, que han llegado al poder mintiendo como el que más, hagan todo lo posible para soslayar a los otros poderes poniéndolos al propio servicio, todo ello con abundancia de "relaciones públicas" (es decir, mentiras y manipulaciones) y con buenos abogados para saltarse la ley siempre que quieran.
Si eso fuera solo problema del país todavía hegemónico, tal vez se podría soportar. Pero es que parece que es epidemia. En las Españas, hay partidos en la oposición(Podemos sin ir más lejos) tan convencidos de monopolizar la verdad y la razón que se saben ungidos para llevar adelante su toma del poder revolucionario en la que, si se extrapola lo que ahora se observa, no dejarían ni un resquicio para planteamientos alternativos a su Verdad, es decir, erróneos según su definición. 
Se dice que Trump no durará ni un único término en la Casa Blanca. Que acabará bajo el impeachment y, si no acaba ahí, no será reelegido para un segundo mandato. La imagen de Berlusconi y sus sucesivos mandatos es un buen ejemplo de lo que podría durar este. Y los trumpetas que pueblan la oferta política europea podrían estar en la misma línea. Lo iremos viendo: Austria, ahora; Francia el año que viene; Y alguno más que irá cayendo y que podrían dar paso a trumpetas reconocidos. En la antigua Europa del Este hay excelentes caladeros. Y no me parece que se tenga que excluir a Erdogan el otomano.
Los sistemas políticos que podrían salir de estas mentes (de su poder, para ser exactos) tal vez se seguirían llamando "democracias", pero es probable que se le añada algún adjetivo para distinguirlas de las anteriores democracias decadentes que no respondían a lo que la gente demanda (cómo se sepa lo que demanda es todo un misterio: normalmente viene en algún libro). Democracia popular ya es un término gastado. Democracia orgánica, mejor no mentalla. Democracia de la gente podría ser, o democracia avanzada. Veremos.

domingo, 27 de noviembre de 2016

De te fabula narratur

He estado preparando estos días un par de charlas (no las llamo pomposamente conferencias porque no lo son) para sendas asociaciones en las que tengo muchos amigos. El tema, el caso Trump. 
No voy a entrar ahora en los detalles de mis diapositivas que he ido recogiendo, pero no me resisto a poner la lista de elementos que dan que pensar sobre España cuando se describe lo recientemente sucedido en los Estados Unidos. Allá va:
  •Sistema electoral problemático
-   Porcentaje de votos y de escaños El de los Estados Unidos es obvio: ganó Clinton por dos millones de votos y gobernará Trump con un apoyo explícito de una cuarta parte de los adultos estadounidenses. En las Españas (incluyendo Cataluña y País Vasco) el sistema electoral produce esos y otros muchos desfases.
“Coste” del escañoEn las Españas hacen falta muchos más votos en circunscripciones pequeñas que en grandes. De hecho, la relación entre porcentaje de votos y porcentaje de escaños se acerca a algo aceptable en las circunscripciones grandes. En las pequeñas, el sistema se parece más al mayoritario que el proporcional. En USA es peor bajo el sistema "winner takes all", el que más votos tiene se lleva a todos los grandes electores de ese Estado en concreto.
 •Encuestas con voto oculto y uso mediático: Las encuestas a escala nacional preguntando a quién se iba a votar no fallaron. Daban mayoría a Clinton. Lo que falló fue el sistema para trasformar el voto popular en voto electoral, para lo cual habría hecho falta una encuesta altamente representativa (sobre todo cuando las diferencias eran muy pequeñas) en cada uno de los Estados. Muy caro. Lo que importaba era la venta mediática de los resultados y, supongo, alguna de estas ventas estaba sesgada por las simpatías o antipatías del medio. A eso se le añade la masiva presencia de voto oculto: personas que, ante lo desagradable que resultaba Trump en televisión, sentían vergüenza de reconocer a un encuestador desconocido que iban a votar por él. 
Papel de los medios y de las redes (bots incluidos): Los medios dieron mucha importancia inicial a Trump ya que era noticia ventible. En parte, le hicieron la campaña pensando que no conseguiría la nominación republicana. Después ya era tarde. Por otro lado, los 11 millones de seguidores de Trump en Twitter tienen que haber pesado algo aunque la mitad de ellos fueran falsos seguidores. ¿No suena algo a situaciones parecidas en las Españas? 
Férrea ley de la oligarquía (y debilidad del asambleísmo): Las cúpulas de los partidos funcionan muy bien defendiendo su bien primordial: su existencia como cúpulas. Con Clinton, se habló del uso de los superdelegados a la Convención para pararle los pies a Sanders. El multimillonario rompió con la cúpula de su partido porque tenía medios más que suficientes para pagar lo que hiciera falta (por ejemplo, los carteles los regalaba a quien los pidiera; los Demócratas cobraban 2 dólares). La asamblea se manipula y punto. 
Sociedad dividiéndose: Aquí hay una pequeña diferencia. La división en las Españas es territorial. Básicamente una Cataluña dividida al 50 por ciento respecto a la independencia y un País Vasco no tan dividido, pero igualmente dividido con enfrentamientos físicos de vez en cuando. Socialmente, se está dividiendo (por ejemplo, los salarios altos han crecido y los bajos han bajado, diga lo que diga el Gini sobre rentas o sobre riquezas). Pero no llega a las profundas divisiones que la campaña ha puesto de manifiesto y ha exacerbado. Clase, raza, sexo, edad, residencia, ideología y algún que otro criterio parten a la sociedad estadounidense mucho más de lo que pueda pasar en las Españas. Si va en la misma dirección, está por ver.
  •  Voto en negativo (votar contra, no a favor): Se sabe que en los Estados Unidos, el criterio citado con más frecuencia en los encuestados sometidos a la pregunta de "por qué votará usted por Clinton/Trump", era muy sencillo: "No es el otro". En otras palabras, se votaba a Clinton porque no era Trump y a Trump porque no era Clinton y esta era la respuesta mas frecuente. Después venían otras. En las Españas se dice "votar tapándose la nariz": hay quienes votan por un partido al que detestan pero solo porque no es otro partido al que detestan todavía más.
Lo que resulta curioso es que, a día de hoy, es decir, casi dos semanas después de las votaciones, todavía no haya un recuento completo y fiable de los resultados estadounidenses. Cuánta razón tenía Trump al decir que había truco, solo que este posible truco probablemente le favoreció.