jueves, 25 de agosto de 2016

Desconfían de sus líderes

Les achacan falta de competencia, imparcialidad y objetivos (excepto el del poder por el poder y el de su carrera personal). Incompetentes, van a la suya y no se sabe qué quieren exactamente. 
He recibido hace un momento una convocatoria por whatsapp para una manifestación en España contra los políticos incompetentes, incapaces de formar gobierno, marrulleros y que no se preocupan de los problemas ni siquiere de sus propios votantes. Eso sí,  esos políticos recurren al mito de interpretar los votos individuales como un "lo que los españoles nos han dicho con su voto es...". Desastroso.
Sin  embargo, esos defectos de los politicos no los encuentro referidos a los españoles (o a los catalanes). Se habla aquí de los políticos de los países "desarrollados" en general y del Reino Unido y los Estados Unidos en particular.
Cuando se encuentran varios casos, ya no vale recurrir a la ideosincrasia de los diversos países. Algo está pasando en el mundo para que se produzca este efecto de manera casi simultánea. 
Y no vendrá mal plantearse a qué puede llevar este rechazo a los políticos. Dicen que el dictador Franco le decía a uno de sus ministros: "Tú haz como yo: a trabajar y a no meterte en política". El rechazo a la partidocracia era evidente. Ganada a pulso por los partidos, pero irresponsable por ambas partes. Excepto para los que salieron ganando. Economía incluída.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Esto es un artículo... o no

Voy a decirle lo que pienso... o no. Curiosa manera de iniciar una conversación en la que el interlocutor no va a saber de qué va el que tal cosa profiere. Pero no tema, no añadiría mucho si después de todos estos dimes y diretes, escribiera que voy a decir lo que pienso... y punto. En efecto, no es lo mismo “podemos aceptar muchas cosas... o no” que “aceptaremos muchas cosas... y punto”.
Creo que, piense lo que piense, el párrafo que antecede resume en qué ha quedado la política entre nosotros. Los españolitos (y españolistas, todo sea dicho por mor de la redundancia) sabemos que lo que nos dicen “ellos” no es necesariamente lo que piensan, así que es inútil que añadan el “... o no” o el “... y punto”. Es irrelevante. La prueba más evidente es cómo aplican la doctrina de Marx (Groucho, por supuesto) con aquello de “estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros” y que se trasforma en un “estas son mis propuestas. Si no me conviene, tengo otras”.
Dos consecuencias. La primera es que no se va a poder votar atendiendo a las propuestas, tan irrelevantes como la presunta sinceridad de “ellos”. La segunda, más grave en mi opinión, es que muestra hasta qué punto “ellos” viven en un mundo con sus propias reglas y casi independiente de lo que puedan querer o gustar el resto de habitantes de este territorio (observe cómo evito cuidadosamente decir “este país”, “ciudadanía”, “nación”, “pueblo”, “gente” y, obvio, “España” y sus variantes de Estado Español y Reino de España).
No hace falta que insista en que “ellos” mismos niegan sistemáticamente este último punto (el del mundo de “ellos” ajeno al resto, no el del nombre de la cosa). Si les hiciéramos caso, sabríamos que trabajan por el “bien común” o los “intereses generales” o, si cojean del otro pié, por “los de abajo” o “los trabajadores” o “las clases medias”, y, si no se sabe de qué pié cojean, dirán que trabajan por la “gente”, algo tan concreto y comprensible como lo que dicen los otros y que no vendría mal que lo explicasen con peras y manzanas, no con blablabla. Lo malo es que, volviendo al principio de esta colaboración, es posible que sea realmente lo que piensan y desean... o no.
La primera vez que visité los Estados Unidos estaba en auge el movimiento “hippy” (años 60, que uno ya peina canas desde hace tiempo) y tuve ocasión de conversar con personas que compartían aquellos ideales y aquellas prácticas. La vez siguiente, habían sido fagocitados por las reglas del juego dominantes y sus productos se vendían siguiendo las presuntas leyes de la oferta y la demanda. Lo mismo me sucedió con algunos “verdes” muy alternativos alemanes que afirmaban enfáticamente que había que salirse del sistema: terminaron dentro y muy dentro del mismo, es decir, haciendo gala de su adhesión a los principios que habían denostado años antes.
Volvamos a aterrizar: los “indignados” y las “marchas por la dignidad” encontraron su cauce de representación política, lo cual les desmovilizó en esa línea para concentrar sus esfuerzos en la línea electoral mediante la cual podrían llevar a la práctica sus principios y conseguir la satisfacción de sus demandas... o no. La impresión de la que no puedo librarme es que las reglas del juego electoral(ista) han terminado fagocitando aquellos principios y demandas, con lo que lo que ha sucedido es que estos representantes hayan terminado formando parte del denostado “ellos” al que decían combatir. Ahora se trataría de ser realistas haciendo una política más “sexy”.
Lo peor del caso es que los trucos que han usado cada uno de “ellos” para demostrar que la culpa de todo la tienen los otros “ellos” son, en más de un caso, tan evidentemente arteros que se convierten en un insulto a la inteligencia de los que no somos “ellos”. Ahí se vuelve a ver lo poco que se fijan en lo que pensamos y hacemos los “otros” y en qué medida viven encerrados en su mundo, encuestas “ad usum delphini” incluidas. Claro, no pueden decir que los verdaderos culpables del desaguisado no son “ellos”: son el resto, los demás, los que votan o se abstienen, que no saben hacerlo como deberían y no aprenden a pesar de las ocasiones de votar que “ellos” graciosamente nos proporcionan, aunque parece que preferirían no tener que someterse a tan engorrosa circunstancia: se bastan y se sobran “ellos” solos... o no.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

UE camino a la desintegración

La Unión Europea, que no es lo mismo que Europa, estaría dirigiéndose hacia su desintegración. Aquí se recogen las posibilidades que los euroescépticos y eurófobos tienen en las próximas elecciones y cuál parece ser la tendencia general, por lo menos, nacionalista (y nacionalista no significa únicamente secesionista: puede ser unionista).  Populistas les llaman
Cierto que los federalistas están en pie de guerra (con perdón), pero no parece que los gobiernos "nacionales" les estén haciendo mucho caso cuando dicen que la solución es "más Europa, no menos". Y en las Españas discutiendo sobre si ha de haber diputaciones provinciales o no.
Los jefes nunca se equivocan, decían los fascistas españoles de hace un siglo. Si tal cosa se cree, se puede tomar "at ists face value" la declaración de Merkel, Hollande y Renzi en sentido contrario: la UE goza de buena salud. Como el médico: la operación ha sido un éxito; lástima que el paciente haya muerto. Su obligación no es la del "sangre, sudor y lágrimas", por lo visto, sino la de "no hay novedad, señora baronesa, todo va bien".

martes, 23 de agosto de 2016

Criticar al contrario: de te fabula narratur

Un grupo de 50 políticos, representativos del aparato de la defensa estadounidense, ha publicado una carta en la que ponen a Donald Trump en su sitio, razón por la que desaconsejan a los estadounidenses que le voten:
- carece de conocimientos básicos sobre leyes, normas e instituciones estadounidenses
- debilitaría el liderazgo moral que los Estados Unidos ejercen sobre el mundo libre
- y es incapaz de diferenciar la verdad de la mentira.
Resultaría divertido, si no fuera trágico, aplicar tales características a los firmantes de tal carta. Si queda sentido del humor, se puede leer aquí, donde, después de poner en solfa esa idea del "mundo libre" heredada de la Guerra Fría y de escasa base empírica en lo de "libre", se pone en duda lo del liderazgo moral con suficientes casos en la historia reciente que ya lo han dejado maltrecho, asunto en el que algunos de los firmantes han tenido algo que ver. Sobre los conocimientos de estos últimos, hay razones para dudar. Pero en lo que no se puede dudar es de su capacidad para confundir la verdad con la mentira.
Lo del "liderazgo" y lo del "mundo libre" se puede dejar de lado. Pero la falta de conocimientos básicos y la manía de dar por verdad lo que se sabe que es falso (que eso es una mentira) parece ser una de las epidemias que traen consigo las etapas de "vacas flacas" en las que algunos ciudadanos se percatan de cómo les han estado engañando, cosa que, en tiempos de "vacas gordas", disminuye ya que no se le va a culpar al político de haberlo hecho bien. Se podría aplicar, como digo, a muchos otros países, entre ellos las Españas (incluyendo a Cataluña) o a Venezuela.
Pero volviendo a los Estados Unidos, no deja de ser irónico que se critique a Trump por cosas que los criticantes también han hecho y se olvide de que algunas de esas cosas también se podrían aplicar a la otra candidata a la presidencia. 
Elección entre candidatos competitivos sobre los que se dispone de información suficiente y fidedigna, al igual que sobre sus propuestas. Bonito ideal cuando lo que prima son los envoltorios, no los contenidos.

lunes, 22 de agosto de 2016

A quién sirven los gobiernos

Es conocida la simplificación, propia de todo manifiesto político, que aparece en el Manifiesto Comunista, a saber, que "el gobierno es el consejo de administración de los negocios de los burgueses". La realidad, después, resulta algo más complicada que eso. Pero vayan dos casos significativos al respecto, ambos relacionados con la invasión de Irak.
El primero, es esta intervención de Hillary Clinton en 2011 planteando (como dice al final de este corte) que habría que mirar a Irak como una oportunidad para hacer negocios. Obviamente, se está dirigiendo a una audiencia empresarial. 
El otro es un análisis del informe Chilcot precisamente desde ese punto de vista, el de la relación entre guerra y negocios.
The Iraq War, and the furious scramble for contracts which both preceded it and continued throughout, shows the confluence of private and public interests on a scale rarely seen. While the idea of Iraq as simply a war for oil may be reductive, the Chilcot Report and its accompanying documents show that money and financial interests lined many layers of the path to the Iraq War.
Aquello no fue solo una búsqueda de acceso al petróleo iraquí, que sería algo simplificador. Pero lo que precedió a la guerra fue un esfuerzo de los gobernantes de la "comunidad internacional", los de la coalición, por conseguir oportunidades para los negocios de las empresas de sus respectivos países. El caso británico es claro: el gobierno trabajaba para que las empresas británicas pudieran acceder al botín. Desgraciadamente, no se sabe mucho (o no sé mucho) sobre qué hizo el gobierno español al respecto. 
Pero sí queda claro, leyendo el análisis que cito, que el gobierno se preocupó por "sus" empresas, es decir, las que tenían sede en su país. Por mucho que se hable de multinacionales, al final las empresas resultan tener cuarteles generales que están localizados, aunque después no sean precisamente muy generosas a la hora de responder con impuestos y prefieran declarar los beneficios donde más les convenga fiscalmente y procuren utilizar todos los paraísos fiscales del mundo para lograr evadir impuestos.
Nadie es perfecto, A pesar de ello,  los gobiernos, por lo visto, tienen claro a quiénes tienen que defender. Lo cual también se ha visto en la etapa visibilizada a partir de lo de Lehman Brothers en la que la financiarización ha impuesto sus reglas por encima de los intereses de esas empresas extractivas, manufactureras y de servicios a las que se ayudaba en el caso de la invasión de Irak. Aunque, como dicen, "la economía no son las finanzas", cuando los gobiernos se han visto ante dilemas, por ejemplo, ante los préstamos hipotecarios fallidos, su opción ha sido clara: a favor de los Bancos.

Faced with a choice between saving the “real” economy by writing down its debt burden or reimbursing the banks (and ultimately their bondholders and counterparties) for losses and defaults on loans gone bad, the policy response of the US and European governments and their central banks was to save the banks and bondholders (who incidentally are the largest class of political campaign contributors). This policy choice preserved the remarkable gains that the “One Percent” had made, while keeping the debts in place for the “99 Percent.” This accelerated the polarization that already was gaining momentum between creditors and debtors. The political consequence was to subsidize the emerging financial oligarchy.
Este punto en el final de este último trabajo que cito (y que confieso que no he entendido del todo) muestra hasta qué punto lo del "consejo de administración" es un simplismo propio de la propaganda política. Cierto que, además, están las "puertas giratorias" y, en general, las conexiones entre políticos y empresas, en especial las financieras, asunto bien conocido en los Estados Unidos y extrapolable a otros contextos como el español. Pero la lógica parece ser la de defender los intereses de los que han financiado las respectivas campañas o hacia los que se han contraído deudas de diverso tipo o hacia aquellos con los que hay una cierta afinidad de "clase" o de "estrato social" si se prefiere. Los ciudadanos y sus votos son un mero medio, no un fin si se quiere exagerar o, por lo menos, si no se quiere quedar encandilardos por las prédicas sobre el "interés general" y el "bien común".
El Manifiesto hablaba de y para otra etapa. En la que estamos, con la creciente desigualdad dentro muchos países de los centrales o, si se prefiere, de los de la "comunidad internacional", los gobiernos parecen tener el modelo, una vez más, de Orwell y su 1984. Un "partido interior", un "partido exterior" y los "proles" en un mundo caracterizado por el enfrentamiento entre bloques. No estamos ahí, por supuesto. Pero el aumento de la desigualdad, la preocupación de los gobiernos por los "negocios de los burgueses", que diría el Manifiesto, que genera más desigualdad y la desafección política de los votantes ("proles" al fin y al cabo a los que se les puede engañar con relativa facilidad) hacen que resuenen las distopías orwellianas. El color ideológico de los gobiernos no sería tan importante aunque es obvio que, de cara a los "proles", las diversas ideología pueden proporcionar resultados diversos. Pero sin exagerar.
Lo que se puede hacer con un gobierno de otro color es tema debatido: unos exageran el peso de lo mundial, como pudo ser el caso de Andre Gunder Frank, ante lo cual reaccionaba James Petras y, ahora, unos exageran las constricciones de la globalización, ante lo cual reacciona Vicenç Navarro. Probablemente, ambos extremos estén acertados excepto cuando niegan al contrario. Por eso me resulta interesante el punto de vista de Dani Rodrik: hay muchos problemas que solo se resuelven globalmente, pero muchos otros siguen estando en manos de los gobiernos..
Distingamos, pues, lo que es constatación (siempre problemática) de las relaciones entre política (local) y economía (local por el lado de la economía "real", mundial por el de lo financiero) por un lado y, por otro,  de lo que es aventurarse en la extrapolación mirando al futuro distópico. Mirar hacia el pasado está muy bien, pero no viene mal mirar hacia modelos de futuro nada prometedores y procurar constatar en qué dirección parece ir moviéndose la cosa.

domingo, 21 de agosto de 2016

Crisis para ricos y pobres

Hablar del crecimiento sin añadir cómo está repartido es, ha dicho Johan Galtung en más de una ocasión, como el geógrafo que da la situación de un punto en el mapa solo con la longitud sin añadir la latitud.
Desde el punto de vista del crecimiento (que lo suelen medir con el crecimiento del PIB), hay países que habrían superado la crisis y son un modelo a seguir para los que ni siquiera han conseguido llegar a tasas de crecimiento "decentes", es decir, generadoras de empleo y sin entrar en el espinoso tema del crecimiento y el medioambiente, que es donde reside el problema central: es preciso crecer, bajo las actuales reglas del juego, si se quiere generar empleo, pero es preciso decrecer si se quiere ser medianamente respetuoso con el medio ambiente. En este último caso, hay cálculos sobre la "huella ecológica" que en nada animan al crecimiento bajo las actuales reglas del juego.
Pero a lo que ahora voy es a trasmitir un hecho adicional: se sabe que en algunos países, los ricos hace ya tiempo que superaron la crisis mientras que los pobres todavía no lo han hecho. Es otro defecto del PIB, que es una medida "nacional" o, cuando se calcula para el mundo, "territorial", pero no "social". Es posible que la lucha de clases haya terminado, pero clases haberlas haylas.

sábado, 20 de agosto de 2016

Oposición dividida

Supongamos un país en el que la división electoral básica sea "gobierno sí - gobierno no" y en el que las fuerzas políticas que mayores apoyos concitan estén en los que rechazan al gobierno de ese momento. Obvio que si la oposición está unida y se presenta en un solo paquete, el gobierno está perdido. Pero si la oferta de la oposición se hace en divisiones y subdivisiones irreconciliables, el gobierno está salvado. Piénsese en lo que hubo en Venezuela mientras la oposición estuvo dividida y lo sucedido una vez ha habido un acuerdo entre las distintas opciones. Y piénsese en lo que sucederá en el Ecuador de cara a las elecciones de febrero en las que al gobernante Alianza PAIS se enfrentan por lo menos seis grupos constatables, muchos de ellos formados, a su vez, por alianzas coyunturales entre fuerzas diversas (no he podido menos que sonreír cuando he visto que Juntos Podemos es el nombre de uno de los grupos que forman la Coalición Convergencia Democrática por la Unidad -el subrayado es mío y Juntos Podemos lo es de Paul Carrasco, prefecto del Azuay-).
Algo así estaría sucediendo en España, aunque no exactamente. Cierto que el "no al gobierno" podría convencer a la mayoría de españoles (60 por ciento) aunque el partido más votado sea, precisamente, el del gobierno (33 por ciento). Pero en este caso se trata de un sistema parlamentario: el gobierno se forma a partir de la composición del Parlamento, y aunque la mayoría de la población piense una cosa, la "endiablada aritmética" post-electoral lleva en dirección opuesta. Que en esa están en esta especie de versión celtibérica del mito de Sísifo: un electorado votando indefinidamente, consiguiendo siempre resultados que llevan a una nueva elección, aunque, como comenté ayer, el partido gobernante vea cómo aumenta su porcentaje de votos simplemente por aumento de la abstención entre los votantes contrarios a dicho gobierno.
Un sistema presidencial (como todos los americanos, con sus diferencias en cuanto a la segunda vuelta -en Bolivia se sitúa en el parlamento, en el Ecuador en las urnas-) puede producir presidentes de un determinado partido y mayorías parlamentarias en las coaliciones convergentes unitarias y peleadas entre sí pero opuestas al gobierno. El caso de Allende seguirá siendo el mejor ejemplo. 
En estos sistemas presidenciales suele existir la institución del impeachment, como el que se intentó con Clinton (Bill, no Hillary) cuando el asunto (que los latinos juzgarían banal) de Monica Lewinsky y nadie lo llamó "golpe de estado". Encima, fracasó. Sin embargo, Brasil y Venezuela, donde un parlamento anti-gobierno intenta desbancar a la presidenta o presidente, sí han tenido lo que se ha llamado "golpe de estado" o lo que otros llaman actuación normal en un sistema presidencial cuando el presidente aplica políticas que los anti-gobierno juzgan rechazables. 
El juego sucio se da por descontado. En política, bajo la fría aplicación de las normas, suele haber otro tipo de juegos más o menos subterráneos. El truco, en Venezuela, con un sistema judicial básicamente pro-gobierno, el truco, digo, ha consistido en retrasar al máximo el referéndum revocatorio previsto por su constitución (chavista, por supuesto, dirán algunos). Si el referéndum se convocase ahora, y en las condiciones económicas, sociales y políticas actuales, el gobierno podría perder con facilidad y la oposición, en el caso de que consiguiese un candidato único, podría acceder también a la presidencia, con lo que tendrían ejecutivo y legislativo. Pero si se convoca para el año entrante y, como sería probable, lo perdiese el gobierno, el presidente actual dejaría su cargo y sería sustituido por el actual vicepresidente, con lo que la oposición se quedaría como está. 
Todo esto en un contexto orwelliano de "neolengua" que afecta a estos casos. En el español, se dice que hace falta formar gobierno cuanto antes mientras ese gobierno en funciones retrasa todo lo posible su discusión en el parlamento y amenaza con que, si no se le aprueba allí, las nuevas elecciones, por imperativo legal, se producirían ¡el día de Navidad!. Todos quieren sacar tajada. Electoral, por supuesto. 
Lo de Venezuela me ha hecho recordar la diferencia de vocabulario que utilizaba el presidente Ronald Reagan para referirse a la hoy extinta URSS. Cuando hablaba "urbi et orbe", la URSS era el "imperio del mal" (evil empire). Cuando hablaba a los agricultores  hablaba de "nuestros clientes". Ya que EE.UU estaba exportando productos agrícolas a la maltrecha URSS por los problemas derivados allí de un campesinado alienado y "circunstancias climatológicas inusualmente adeversas" (lo de "inusual" no era del todo cierto). Ahora, en Venezuela, tenemos, por un lado, al "imperio" y, por otro, al incontestable hecho de que los Estados Unidos tienen en Venezuela a su cuarto proveedor de petróleo.
Petróleo, petróleo, Siempre petróleo (y en Bolivia, además, el litio). ¿A qué cínica empresa petrolera le interesaría que en España hubiese un gobierno débil pero sin control parlamentario mientras lleva a cabo prospecciones de dudoso impacto ambiental? Ya puestos, ¿qué impacto ambiental, contra la Pachamama, tiene la extracción del litio? ¿Y la del petróleo en el Yasuní, Ecuador?
La política, ¿retablo de las maravillas? Algo hay de eso.