miércoles, 29 de abril de 2015

El Fin de los Días

Pensar que el mundo tal como lo conocemos se va a acabar no es nada original. Tal vez por eso tiene el éxito que tiene tal planteamiento. Y lo ha tenido en casi todas las religiones, algunas de cuyas variantes han llegado a establecer la fecha exacta en que tal fin del mundo se iba a producir.
Entre los que se atrevieron a ponerle fecha están, por supuesto, los cristianos medievales con el milenio, que de ahí viene el nombre con que se conoce tal mitología: milenarismo. Los anabaptistas creyeron que terminaría en 1533, algunos judíos en 1648, el movimiento “Millerite” en 1843, “Marian Keech” (Dorothy Martin) y sus seguidores en 1954. Y las profecías de otros grupos llegaron a suponer que el fin de los días sería en 1975. Con escaso éxito todos ellos.
Como el anunciar una fecha es arriesgado y después hay que dedicar muchos esfuerzos a explicar por qué no se ha producido tal catástrofe, lo que las grandes religiones hacen para quienes estén dispuestos a aferrarse a tal interpretación de los Textos es  proporcionar “signos de los tiempos”, pero sin fecha fija. Cierto que, como se dice en los Evangelios, “no sabéis ni el día ni la hora”, pero también es cierto que esa creencia profunda fue compartida por muchos de los primeros cristianos que esperaban “la segunda venida del Cristo” que separaría a los buenos de los malos según se profetiza en el Apocalipsis de Juan y, antes, el profeta Isaías..
Tampoco en eso eran originales. Los hinduistas pueden esperar a Kalki, los budistas a Maitreya, los judíos al Mesías y los musulmanes al Mahdi. En todos los casos, con señales que indican que el Tiempo se acerca. Y, en algunos casos, tomando al fundador de la propia religión como el enviado que anunciaba la anterior.
Las religiones amerindias también han producido sus propias profecías sobre el fin del mundo tal como lo conocemos (aunque no necesariamente el fin de la Humanidad): Incas, aztecas y mayas tienen sus propias ideas que no incluyen fechas como la de 2012 según una mala interpretación de un calendario maya, pero que sí pueden tener referencias a “anunciadores” del Final, como Wiracocha.
No todos los creyentes de cada una de las religiones están en esa línea milenarista, pero sí suele haber grupos, en cada una de las religiones, que viven con mucha fe esa inminencia, creencia que comparten con correligionarios que “saben” que el fin está cerca y que lo que hará el buen creyente es acelerar ese momento para el que lo que cuenta es el “agrupémonos todos en la lucha final”. La lucha entre el Bien (nosotros, claro) y el Mal (los otros).
Sentirse arropado por el grupo que comparte tales creencias es, por lo visto, muy gratificante. El caso inmediato es el de los yihadistas del Estado Islámico que saben que caminan hacia el Día del Juicio, el Fin de los Días, que será precedido por una lucha tremenda y segura derrota del ejército de “Roma” (no está muy claro qué significa ahora) en Dabiq, Siria. Ahí se iniciará la cuenta atrás para el apocalipsis y no es ajeno a tal creencia que algunas de las decapitaciones se hayan llevado a cabo precisamente allí. Por supuesto, solo Dios conoce el futuro, pero hay indicaciones en el Libro, incluyendo la de la llegada del Mahdi que guiará a los creyentes hasta la victoria final (la batalla final con el anti-mesías sería en Jerusalén). El verdadero creyente es el que sabe leer esos “signos de los tiempos” y se organiza para acelerar esa victoria. Militar, por supuesto.
No se extrañe. Ronald Reagan hablaba de la guerra nuclear como de un Armagedón que llevaría al triunfo frente al mal (el comunismo, en aquel entonces, antes de que se hundiese la URSS). También los Cristianos Sionistas estadounidenses (algunos desde el Congreso) creen que es obligación de todo buen cristiano el acelerar la “segunda venida”, cosa que se puede conseguir apoyando al gobierno de Israel para que recupere sus fronteras bíblicas.
Estos variados milenaristas no son mayoritarios en sus respectivas religiones ni todos son violentos. Pero las semejanzas con intrigantes. Por eso me da que pensar el otro milenarismo, secular en su caso, que se refiere al cambio climático. Porque, ¿y si esta vez sí que estamos al borde del Fin de los Días? ¿No hay signos evidentes que así lo anuncian? ¿No hay incluso profetas que lo vaticinan? Pido disculpas, pero no he podido evitar sugerir alguna irresponsable duda.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-. La profecía para 1975 fue asumida por algunos Testigos de Jehová. Cuando las profecías no se cumplen, los psicólogos hablan de "disonancia cognitiva", esa situación en la que nos encontramos cuando lo que creíamos choca evidentemente con la realidad. Y hay multitud de remedios para tal choque.
Si se ha sonreído al leer que en el Nepal hay gente que afirma que el terremoto ha sido un castigo por los pecados cometidos, recuerde que también se dijo de Katrina y Rita, pero con un dios diferente. Por lo menos uno de los dos está equivocado, como equivocados estaban los que pusieron fecha al fin del mundo. La ventaja de los del castigo es que es a toro pasado, mientras que ponerle fecha y que no se cumpla es algo que todo el mundo puede ver)
(Añadido el 30: Aquí una puesta al día de las relaciones entre los Cristianos Sionistas estadounidenses y el gobierno de Israel)

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