miércoles, 16 de agosto de 2017

Disquisiciones metafísicas

En un mundo en el que irrumpe la “plus mentira” más allá de la “post verdad” y donde los grandes movimientos globalistas se van marchitando (pienso en el Foro Social Mundial y sus “antiglobalistas”, pero también en movimientos locales como Occupy, 11-M y primaveras árabes), me encuentro casualmente con textos que aborrecen de la Razón y proponen un encuentro con la Verdad que aquella Razón oculta.
No les falta razón (valga la albarda sobre albarda), pero tampoco son novedad. Sin irse muy lejos, se puede pensar en el movimiento Romántico y, más cerca de nuestros tiempos, los movimientos fascistas. Y no es tan difícil encontrar líneas de pensamiento que se han mantenido, más o menos visibles, más o menos esotéricas, reivindicando la búsqueda de una Verdad más allá de la Razón.
Confusión, evidentemente. Pero pongámoslo de la siguiente manera: hay gente que cree en la existencia de un gran enemigo (llámese la burguesía, el capitalismo, el yihadismo o el Islam, la clase obrera, el machismo, el cambio climático o lo que sea -y pido disculpas por este conjunto tan heterogéneo, pero no lo he inventado yo-). Frente a él saben que tienen poco que hacer. Es lo que André Gunder Frank comentaba en la primera conferencia que le escuché: el capitalismo es tan fuerte que lo único que podemos hacer es asociarnos a escala local para defendernos de sus efectos más nocivos. James Petras se enfurecía enfurruñado ante estas propuestas ya que nos condenaban a la irrelevancia y a la inacción. Por su parte, Immanuel Wallerstein tenía una opinión más matizada: el enemigo era enorme, no se iba a poder contra él directamente, así que era preciso ir acumulando fuerzas, organizándose, pero sabiendo que el resultado no se iba a ver de inmediato, sino a muy largo plazo. Gradualismo, pues, sabiendo a dónde se quería llegar y reconociendo que el camino era largo y que tal vez uno nunca vería el punto de llegada. “Agrupémonos todos” aunque la “lucha final” queda lejos. (Añado que los tres han sido profesores en la Universidad de Alicante).
¿Dónde está el problema? Para el “lo quiero todo y lo quiero ya”, que el resultado más probable va a ser la frustración que, como ya sabido, genera agresividad y la agresividad puede buscar diversos objetos sobe los que descargarse (incluido el propio cuerpo o el del cónyuge o el de los asistentes a un evento multitudinario, es decir, suicidio, violencia en la familia y atentado terrorista). Para el “vayamos haciendo que tal vez lo logremos en el futuro”, el problema es el “tal vez” ya que, ahora, ya advierten desconocer las leyes de la Historia y, por tanto, reconocen carecer de instrumentos apropiados para el cambio (sin mapa no hay camino). Para lo de Frank, es obvio: nada cambia y los recluidos a escala local acaban cansándose o, peor, como pasó por los hippies, fagocitados por el sistema que les convierte en mercancía (los productos “orgánicos” y “ecológicos” suelen ser más caros).
En tal contexto, cobran sentido las propuestas de Verdad (absoluta, “y ven conmigo a buscarla, la tuya guárdatela” que proponía Machado) y un desdén hacia las fracasadas propuestas racionalistas de la Ilustración. Esa búsqueda de la Verdad proporciona la seguridad “hacia dentro” que no puede proporcionar “hacia fuera” y, en sus formas más suaves, incluye el pensamiento positivo y la búsqueda de la felicidad (“the pursuit of happiness” de la Constitución estadounidense).
Un pensamiento paranoide o conspiranoide situará lo de la “plus mentira” y las “fake news” precisamente en este contexto y los atribuirá exactamente a sus contrarios, excluyéndose de reconocer que también en el propio bando hay más de un caso. Porque mientras se discute si son galgos o son podencos (Verdad – Razón), hay intereses creados que trabajan por conseguir sus objetivos y mantenerlos a buen recaudo. Discutamos, pues, si cuando un periodista recibe una información que se descubre que es falsa (una “plus mentira” que se ha trasformado en “fake news”) debe o no debe revelar dicha fuente.
Galimatías tal vez, y ojalá las cosas fueran más sencillas como pretenden populistas, fascistas, rojos, “progres trasnochados”, aprovechados, “trepas”, corruptos y demás fauna política. Pero lo veo así, fruto tal vez de la calor. La Verdad existe, está ahí fuera, pero está cubierta de velos que dificultan su hallazgo, así que la Razón puede ir desvelándola (la palabra griega para verdad, alezeia, hace referencia precisamente a esa tarea de desvelar). La Intuición tal vez sea un camino más corto, pero mucho más inseguro.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

miércoles, 9 de agosto de 2017

Cambio climático, catástrofes y reacciones

No soy quien para dictaminar si es de temer o es una exageración. Pero sí puedo levantar acta de las reacciones que provoca.
1. Comencemos por los exagerados. Para ellos, lo que nos espera es un futuro catastrófico sin esperanza.  Datos científicos no les faltan e insisten en mostrar la enorme gravedad del asunto. Casi parece que estén en el viejo “cuanto peor, mejor”. Tal vez tengan razón.
2. Pero no se me ocurre llamarles catastrofistas. Se lo llaman los que pueden clasificarse como moderados o, si se prefiere, los científicos de verdad que a) saben que el miedo no nos salvará y b) conocen los datos, sus debilidades y sus lagunas y los errores de cálculo. La ciencia, al fin y al cabo, no es certeza, sino intento de evitar el error. Aun así, están convencidos de que la cosa es grave, pero no a corto plazo. Eso sí, las acciones para prevenir los efectos de tal eventualidad se han de tomar ahora, dicen. Antes de que sea demasiado tarde (y aquí entran los famosos 2º/3,2ºC).
3. Hay más: los interesados. Se trata de empresas que conocían (conocen) los datos y los han ocultado a sus accionistas y al público en general acusando a los "moderados" no solo de "exagerados" sino de falsarios. Ya me he referido en otras ocasiones a este grupo en el que se impone un cherchez l'argent, busquen los intereses económicos a corto plazo, cosa que, al fin y al cabo, es lo que mueve el sistema en el que vivimos por lo menos los últimos 500 años (hay quien dice que más).  El fiscal general del estado de Massachusettsel de Nueva York han acusado a alguna de esas empresas de haber ocultado los datos (y, ya puestos, podrían haberles acusado de mentir, ya que hicieron campaña a favor del negacionismo) en particular a sus accionistas.  Añádase que el secretario de Estado del actual gobierno estadounidense trabajó 40 años para una de esas empresas y acaba de recibir una distinción internacional por sus largos años en el sector petrolero.
4. Por supuesto, y me acabo de referir a ellos, están los negacionistas que ven en todo esto una maniobra de oscuras ONG o conspiraciones de un país como la China contra el propio, es decir, los Estados Unidos. El presidente Trump es un ejemplo. Siendo un gran tuitero, y aunque no es un dato que fundamente nada, se sabe que ha escrito 115 tuits negando el cambio climático. Como en este de 2012: “Global warming is based on faulty science and manipulated data which is proven by the emails that were leaked” (refiriéndose a un oscuro episodio de correos filtrados reconociendo errores -voluntarios o involuntarios- en algunos de los modelos, cosa que encaja con el tipo 2 que acabo de enumerar).
El problema de estas clasificaciones tan nítidas es que la realidad protesta o, por lo menos, se revuelve al notar que las reacciones que se observan no acaban de encajar en una de estas categorías excluyendo a las demás. Ejemplo: un leader del mes pasado, acompañado de artículo en su interior, de The Economist que no es precisamente una revista revolucionaria o ecologista fundamentalista precisamente. La revista (sus artículos no van firmados, luego funcionan como un editorial más) daba por descontado que hay un problema con el calentamiento global (esos 2ºC que llevarían al cambio climático). De negacionista, nada. Pero su interés no estaba en ese punto sino en el clásico “¿Qué hacer?” y eso desde el punto de vista empresarial o económico propio de su línea. Su respuesta venía ya en el subtítulo: lo que hay que intentar es frenar el calentamiento global y para eso, dejar la pretensión de usar solo energías renovables y centrarse en las emisiones. Cierto, dicen, que hará falta una transición a partir del petróleo y similares, pero, añaden, será una transición dolorosa… y eso es lo que hace saltar, en cierta manera, la clasificación con la que he comenzado, basada en la actitud hacia el cambio climático o, mejor, hacia los datos que lo apoyan. La clasificación tendría que ser por quiénes, cómo y con qué plazo están dispuestos a afrontar esa transición energética desde ese 20 por ciento que son ahora las renovables sobre el total del consumo mundial a… no se sabe cuánto, ni a qué precio y con qué perdedores a corto plazo. Así que mejor mirar hacia otro lado y no complicarse la vida. Y el que venga detrás, que arree.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

(Entre los interesados -grupo 3- están las grandes empresas (seguros, ingeniería, seguridad ¡petroleras!) que ven en el “cambio climático” interesantes posibilidades de hacer negocio. Business is business. De hecho, algunas petroleras en USA se han mostrado contrarias a que los EE.UU. se dieran de baja de los acuerdos de París
Sobre el grupo 4, se conocen algunos correos del Departamento (ministerio) de Agricultura USA con las instrucciones sobre el vocabulario apropiado para NO referirse al "cambio climático" que deja de ser una prioridad del gobierno. Las 20 afirmaciones más chocantes de Trump sobre el tema.
Como indicador de cómo funciona el asunto, una gran empresa ha estado vendiendo masivamente un material del que conocían fehacientemente sus efectos dañinos para la salud. De hecho, las autoridades sanitarias acabaron prohibiéndolo. Pero, ya se sabe, business is business mientras se pueda)


miércoles, 2 de agosto de 2017

Argumentos engañosos

La “rugosa realidad” nunca es blanca o negra. Siempre admite matices dentro del gris. Eso no quiere decir que no se pueda tomar partido. Solo significa que, una vez hecha la opción por unos u otros, los planteamientos absolutistas suelen carecer de base empírica. Sin embargo, eso es lo que tendemos a hacer para, así, sentirnos más seguros y legitimados.
Cuando hay dos bandos enfrentados (por ejemplo, gobierno venezolano -dividido- por un lado y oposición -también dividida- por otro-) es legítimo estar a favor de uno u otro. Pero sabiendo que no todo el mal está en un lado y todo el bien está en el otro. La proporción 100 a 0 no suele ser real por más que sea la preferida. Un 50 a 50 suele darse y produce mucha intranquilidad en quien la observa, así que buscará razones para romper el empate y no caer en la tan denostada “equidistancia”, por más que sea lo que la realidad le impone. Un 75 frente a un 25 tal vez nos lleve a defender la primera opción y rechazar la segunda, aunque siempre queda la posibilidad de arrimar el ascua a la propia sardina y “torturar” a los datos hasta que acaben “confesando” lo que uno quiere. El pre-juicio, es decir, lo anterior al juicio, es siempre un faro disponible para guiar al desorientado. Dos ejemplos típicos.
El primero me viene de un whatsapp en el que se narra con todo lujo de detalles la conversación entre dos capellanes del ejército estadounidense, uno cristiano y otro musulmán. El remitente pide que yo, a mi vez, difunda ese texto que muestra el carácter intrínsecamente violento del Islam y su opción por practicar tal violencia contra los infieles. Nada que objetar si el hecho se cierto (cosa que puedo dudar), pero, inmediatamente, me vienen las dudas: ¿Intrínsecamente? Ni hablar. ¿Generalizado? Tampoco. El cristianismo ¿religión de paz? Anda ya. Claro que hay musulmanes (muchos de ellos de escasa práctica y menor fe) que practican la violencia contra los infieles, pero también contra otros musulmanes, mientras la mayoría de musulmanes rechazan tales prácticas. Para más inri, los datos del FBI muestran que la extrema derecha estadounidense es más violenta que los, relativamente escasos allí, yihadistas, si es que lo son realmente ¿De qué se trata entonces? Pues del típico truco de tomar la parte (real) y atribuirla al todo (falsamente) mediante un hecho dramático, cargado de sentimiento y de escasa racionalidad frente a lo que las cosas son. Islamofobia manipulada políticamente como en otros tiempos lo fue el anti-judaísmo y sus “Protocolos de los Sabios de Sion”. La comparación entre los viejos textos nazis contra los judíos y los del noruego Breivik contra los musulmanes es muy instructiva.
El otro me viene, periódicamente, sobre Venezuela. He dicho otras veces que tengo amigos chavistas y amigos antichavistas. Por eso me resulta fácil confrontar los datos que proporcionan unos y otros sobre los muertos producidos en los enfrentamientos violentos callejeros. Para unos, es cosa de la oposición fascista y golpista. Para otros, es evidente que se trata de asesinatos por parte de la policía (ha habido algún video que lo mostraba) o de paramilitares chavistas. El problema es que los datos son malos.
Según la Oficina de Naciones Unidas sobre Drogas y Crimen (UNODC), en 2015, Venezuela ocupaba el tercer lugar en la lista mundial de “homicidios intencionados” (57 por 100.000 o, sea, 17.778) detrás de El Salvador y Honduras. Pero según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) en el 2016 hubo 28.479 “muertes violentas” (91,8 por 100 mil). De esas, 18.230 fueron clasificadas por el gobierno como homicidios, mientras que el resto fueron considerados casos de “resistencia a la autoridad”, o sin móvil claro. Total: que en las cifras que gobierno y oposición se lanzan a la cara, hay que descontar un número (desconocido) de homicidios que nada tienen que ver con los enfrentamientos callejeros de estos cuatro meses. Pero es que, después, las especificaciones que uno y otro lado presentan hacen pensar que es imposible atribuir aquellas muertes únicamente a uno de los bandos. De nuevo, hay que rechazar el 100 %. Eso sí, no sabemos el porcentaje exacto que se puede atribuir a cada parte, así que, si yo estoy de manera absoluta a favor de unos, atribuiré la totalidad al otro bando. Total, que es un argumento que no sirve para tomar una opción u otra. Y no entro en las sutilezas legales sobre las votaciones del domingo para la Asamblea Constituyente.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Sobre el papel del “imperio” contra Venezuela, un artículo documentado tomando posición. Y este artículo de Boaventura de Sousa Santos vale la pena de ser leído. Muy aconsejable
Y un caso de defensor del chavismo que, de repente, encontró que no era 100 a 0 sino que la "rugosa realidad" proporcionaba una visión algo más compleja)

martes, 1 de agosto de 2017

Agosto

Cerrado por vacaciones (excepto los miércoles por la noche).

lunes, 31 de julio de 2017

Contando muertos

Se repite hasta la saciedad: en una guerra, la primera baja es la verdad. Aquí se puede ver una versión puesta al día por FAIR que se dedica, precisamente, a contrastar informaciones y poner en duda, por experiencia y principios, la versión oficial. La conclusión es la de un escéptico ante los datos del Pentágono sobre víctimas (aciertos) y "efectos colaterales" (errores) en el caso de Siria-Irak. Lo primero, pues, que hay que hacer con esos datos oficiales es, obviamente, dudar.

domingo, 30 de julio de 2017

Como para fiarse

Primero fue que el aceite de oliva era malo porque provocaba colesterol y después fue que era bueno-buenísimo porque protegía contra el colesterol.  Primero fue que había que cumplir con todas las dosis de los antibióticos para que las bacterias no se hicieran resistentes a los mismos y después fue que cuando se redujeran los síntomas se debía suspender la toma para que las bacterias no se hicieran resistentes a los antibióticos (que es la gran preocupación. En ambos casos, como se ve, con el mismo argumento: que se estaba favoreciendo la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos). Y de la homeopatía, mejor no hablemos.
Los medios juegan, en esto, un mal papel ya que convierten en titular de primera página lo que es resultado (supongamos que de juego limpio) de una investigación llevada a cabo sobre 50 individuos en Kansas City. Pero que hay lío, es evidente.
Aquí se narran los dimes y diretes entre la OMS, Naciones Unidas, Reuters, periodistas y las empresas afectadas por los resultados de tales investigaciones. Se parte del tema del glifosato (y Monsanto), pero el argumento se extiende a tantos y tantos casos en los que el beneficio de la empresa está por encima del bienestar de los ciudadanos que, al fin y al cabo, no son más que consumidores y, en el mejor de los casos, accionistas a los que hay que engañar (ya he contado los pleitos contra una petrolera a propósito de cómo escondió, por cuestiones de junta de accionistas, los datos que tenía sobre el cambio climático).
Otros casos van en otra dirección. Fue el del Tamiflu, fabricado por una empresa en la que tenía intereses Rumsfeld, miembro del gobierno de Bush II, fármaco que fue declarado indispensable para una determinada epidemia y que los gobiernos súbditos (el español entre ellos) corrieron a comprar en grandes cantidades inútiles con lo que las acciones de aquella empresa subieron espectacularmente y el efecto fue económico, no sanitario.
Más de lo mismo: un informe sobre lo que supieron y saben las compañías eléctricas sobe el impacto del carbón en el cambio climático 1968-2017. Abundantes datos para una teoría: en las grandes empresas se suele pensar en el corto plazo y en términos de beneficios y accionistas/propietarios y obrar en consecuencia. Lo de la Responsabilidad Social Corporativa, en más de un caso parece ser cosa de márketing y no de programa de acción real. Lo dicho: como para fiarse.
(Añadido el 2 de agosto: más documentos que muestran los "arreglos" de una empresa de productos de impacto medioambiental con los encargados de aprobar su uso. Monsanto y la EPA estadounidense, por supuesto)

sábado, 29 de julio de 2017

Los Nuevos Optimistas

El doctor Pangloss, personaje del Cándido de Voltaire, afirmaba que "vivimos en el mejor de los mundos", tal vez siguiendo o caricaturizando a Leibnitz.
Aquí puede leerse un buen artículo en el que, sin citarlo, se describen las propuestas de los llamados Nuevos Optimistas que insisten en que el mundo ha mejorado muchísimo, por lo menos en los últimos 200 años: aumento de la esperanza de vida, reducción de la pobreza y cosas por el estilo. 
Para mí, que tampoco soy panglossiano, el problema es otro. Primero, saber si la tendencia se va a mantener indefinidamente y llegaremos al Paraíso. Es decir, igual que se establece una tendencia secular, saber si se puede extrapolar hacia el futuro, sin vueltas atrás ni catástrofes medioambientales que rompan la tendencia y a lo bestia. Pero, sobre todo, saber si con ese optimismo nos evitamos la molesta tarea de reconocer que hay cosas ahora que están mal (puedo aceptar que están menos mal que antes, pero eso no significa que estén bien). Guerras económicas y militares con bajas innecesarias, por ejemplo, son cosas que están mal. Masacres o terrorismo (de Estado, subestatal, internacional) son cosas que están mal y que podrían evitarse si fuéramos mínimamente racionales y no nos dedicáramos a decir que "vivimos en el peor de los mundos posibles" o "en el mejor de los mundos posibles". Porque esa cuestión puede entretener a escribidores varios, pero lo que habría que saber es si el mundo que tenemos tiene fallos que podrían solucionarse. Discutir si son galgos o son podencos ya se sabe cómo termina. En todo caso, quedarse en el "vivimos en el mejor de los mundos posibles" evita la enojosa tarea de intentar mejorarlo, lo cual no pone en duda la validez de los datos de los Nuevos Optimistas, sino que avisa de su posible uso ideológico ultra-conservador.