martes, 7 de julio de 2009

Xinjiang

Sigo con interés las noticias sobre Xinjiang desde que leí, en un artículo de Samuel Huntington, que la China podría ser una alternativa viable a la hegemonía de los Estados Unidos. Lo leí después de haber leído un trabajo de un colega chino (de finales de los años 80) en el que explicaba cómo la China podría pasar de haber sido el centro del mundo (el Imperio del Centro, según su ideograma) a volver a serlo. En esa misma línea iba el libro de Andre Gunder Frank ReOrient, demasiado bueno para haberse traducido al castellano.
Lo de Frank y el colega chino podría quedar en elucubraciones académicas, pero lo de Huntington, conociendo su trayectoria, podía ser más importante, dada su capacidad de "intelectual orgánico" de los intereses de las élites estadounidenses desde la Guerra del Vietnam al "Choque de civilizaciones". Así que si yo fuese de la CIA (o asimilables), trabajaría para evitar que la China fuese una alternativa viable a la hegemonía de los Estados Unidos (como bien saben los historiadores españoles ser potencia hegemónica y, mejor, imperial es algo deseable para las élites aunque no tanto para los pobres y "los de abajo" que tenían que sobrevivir como pícaros en aquella España imperial; algo así como el "homeless" y el "hobo who sleeps out in the rain" de ahora en los Estados Unidos).
Y, como ya conté hace un año, tendría varias posibilidades para debilitar a la China aunque sin llegar al extremo de que dejase caer el dólar y vendiesen los bonos del Tesoro de los que son los primeros tenedores mundiales.
La desigualdad interna sería una de ellas. Se trataría de agudizar las contradicciones entre "los de arriba" y "los de abajo" y entre "costa" (rica) e "interior" (pobre) , cosa que, en la actual crisis global, se presenta como muy prometedora para los intereses hegemónicos, mucho mejor que hace un año, cuando ya se veía la polarización de hiper-ricos de Forbes por un lado y, por otro, aumento de la pobreza reconocida por el Partido Comunista.
Taiwán sería otra. Maniobras conjuntas con Taipei de vez en cuando o venta de armas a su gobierno o cualquier cosa que Beijing pueda entender que es un evidente apoyo al gobierno "separatista" (la perspectiva de los comunistas chinos sobre Taiwán es de lo más pintoresca). De todos modos, parece que últimamente este tema no funciona bien como medio de agudizar las contradicciones. Todo lo contrario.
El Tibet, claro, es la cuarta en mi lista y se la relaciona con la siguiente.
Y Xinjiang la quinta. Esta provincia occidental, 17 millones de habitantes, 47 por ciento uigures, suma varias características que la hacen interesante desde el hipotético punto de vista de un hipotético plan de la CIA montado por un hipotético agente como yo: es musulmana (y ha recibido dinero de Arabia Saudita para sus mezquitas y madrasas), es petrolera, es nacionalista (fue algo independiente hasta 1949), es decir, cultura, economía y política en una misma dirección. Las élites locales pueden tener la posibilidad de movilizar las diferencias culturales y los deseos de autonomía políticos para mejor controlar el petróleo. Y las élites de Beijing pueden pensar en la "sagrada unidad de la Patria" (no más particiones como las que tuvo el Imperio del Centro en el pasado), en el papel del ejército como garante de dicha unidad y en el interés intrínseco del acceso al petróleo, siendo una gran importadora del mismo. Todo ello aderezado por las diferencias étnicas entre uigur (minoritarios) y han (mayoritarios).
Todo esto es puramente especulativo y no sé qué peso tenga cada una de las esferas en la configuración de la represión que, esta semana, se habría cobrado por lo menos 150 muertos y más de 800 heridos de diversa consideracion. Pero que sirve a intereses extranjeros, sí me parece verosímil. Por eso yo no lo reduciría a "disturbios étnicos". Etiquetar así es engañoso.

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