martes, 13 de junio de 2017

Apocalipsis viejos y nuevos

Etimológica e históricamente, se trata de una "revelación" (en un principio, la de Juan el evangelista) en la que se relata la catástrofe inminente y el paraíso que la seguirá. Como Inglaterra sucedió al pueblo de Israel en el papel de pueblo elegido y los Estados Unidos sucedieron a Inglaterra en tal posición, no extraña que ese pensamiento, sea cierto o falso, con base científica o pura imaginación, esté particularmente difundido en dicho país donde numerosas personas (un 40 por ciento en encuesta de 2010) pensaban que Jesús iba a regresar a la Tierra en  2050. Ya queda menos.
Se trata de lo que se ha llamado el Síndrome Estadounidense ("americano" en el original) de claro origen en los Puritanos fundadores. Insisto: no trato de establecer si es cierto o no ese afán por establecer fecha y causa del apocalipsis (doctores tiene la iglesia y yo solo hago periodismo a partir de periodistas), pero sí levantar acta de lo difundida que está la creencia en tal posibilidad. En los Estados Unidos. Porque no está tan claro que haya tanta gente pensando así en otros lugares. Doctores no-estadounidenses  que lo anuncian, haberlos haylos, minoría tal vez. Pero no es eso lo que me fascina. 
Lo que me fascina es la pervivencia de esa creencia. Como ya he contado en otras ocasiones, lo que no debe hacerse en esos casos es ponerle fecha al apocalipsis, no sea cosa que no se produzca y haya que inventar razones por las que no se ha producido (gracias, muchas veces, a que los creyentes habían creído intensamente y gracias a ello se había evitado o retrasado el correspondiente apocalipsis). Es mejor dejarlo abierto, para que los efectos de tales creencias (no todos positivos para "los de abajo", en terminología de Orwell) puedan mantenerse, normalmente en el interior de pequeños grupos, muy convencidos, que practican el "group think", pensamiento de grupo, la creencia en una verdad precisamente porque es compartida por el grupo. El elemento emocional y casi obsesivo suele ser frecuente.
Claro que mi favorito es el de los primeros cristianos que rezaban el Padrenuestro como una oración apocalíptica en la que pedían a su Dios que hiciese por fin su reino en esta Tierra, santificase su nombre en ella, fuese obedecido por todos (incluidos los "malos") aunque, eso sí, sin que los "buenos" cayesen en la tentación final, muy propia de los apocalipsis. 
Junto a estos, están los "cultos del cargamento" (me resisto a usar "culto del cargo", que es algo que reservo para políticos y académicos y, mucho más, para los que son ambas cosas). 
Pero, en fin, el que se lleva en esta temporada es el de los puritanos estadounidenses.
Insisto: como con el cuento del pastorcillo que gritaba "que viene el lobo", lo dicho no excluye que esta vez vaya en serio.
(Una versión menos catastrófica, de nuevo para 2050, la de Johan Galtung aquí. Mucho más concreto. Chi vivrà, vedrà. A mí que no me esperen.
Todavía menos, sin fecha ni nada parecido, en mi nivola distópica El eterno trastorno que se encuentra en la columna de la derecha de este blog)

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