viernes, 10 de noviembre de 2017

Apocalípticos, integrados y más

La actitud ante las nuevas tecnologías, en particular las de la información, podía ser, como era ante la cultura de masas, de total rechazo ante los terribles males que podía producir (por ejemplo, en el empleo) y la de la aceptación tranquila de quienes saben que las revoluciones tecnológicas, aunque hayan tenido siempre sus "ludditas", sus destructores de máquinas, siempre acaba asentándose y generando nuevas posibilidades. En mi opinión, faltaba una tercera actitud: la de los entusiastas, siempre dispuestos a ver un mundo de insospechadas oportunidades, todas positivas, en esas innovaciones.
Como toda clasificación de cosas humanas, las diferencias son muy claras sobre el papel (o sobre la pantalla), pero ya no son tan nítidas cuando se baja a la rugosa realidad. Por ejemplo, ¿qué pensar sobre la posible intervención rusa en el independentismo catalán?
Ante todo, desconfiar de esta nueva tendencia a achacar al Kremlin (o a sus aledaños) todo lo que haga falta. En los Estados Unidos saben bastante de eso y, por lo que digo, los de la Unión Europea les van a la zaga. Pero supongamos que sí, que su máquina de propaganda está interviniendo en la dirección geopolítica que más puede interesar a los políticos rusos, desde debilitar a la potencia hegemónica a debilitar sus vecinos inmediatos, siempre contando que hay dinero y energía de por medio, pero también sistema militar (la OTAN, claro).
Esas nuevas tecnologías, ¿son fuente de mal o de bien? Si lo que dicen los que piensan que Moscú (esta vez no es "el oro de Moscú" sino "el hackeo, pirateo, trolls y bots de Moscú") es cierto, ¿no dependerá de que uno sea independentista catalán o no para acetar o rechazar tal intromisión? Obvio que si me ayudan en mi porfía política, bienvenida sea esa ayuda, pero si van en mi contra, son unos malvados metomentodo. En las Españas y en USA, por lo menos. Si creemos a los preocupados europeos, también en la UE, donde hay euroescépticos encantados con debilitar a la Unión y europeístas confesos dispuestos a defenderla.
Claro que se puede generalizar y preguntarse por las nuevas formas de manipulación. Pero ahí es el problema no es nuevo (la manipulación). Lo que es nuevo son los medios que se utilizan.
Creo que, visto lo visto, lo sensato es reconocer lo que de acertado tienen las tres actitudes ya que cada una encuentra elementos en la realidad que pueden ser verificados o podrán ser verificados en el futuro. En este último lance, hay una operación semejante a la "apuesta de Pascal" que rompe con entusiasmos, resignaciones y rechazos.
Ya sé que eso "no vende". Que lo que vende son los absolutismos a favor de cualquiera de las tres opciones, adoptadas casi como se adopta una religión. Pero así lo veo, dada mi práctica de la demodée duda metódica.
(Añadido el 12: otra versión rebajando los entusiasmos

(Añadido el 15: una buena formulación y análisis: la tecnología es lo que hagamos con ella. Quiénes lo hagan y para qué es, tal vez, más importante que la consideración de las innovaciones como se hacía con la "cultura de masas". Ni revoluciones ni catástrofes: la respuesta está en la sociedad)

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